martes, 24 de marzo de 2015

Post Mortem

Conocerte fue pecado, pasado que recorro a tientas, recuerdos que pierden los colores, calor fundido con locura, difuminación de los contornos y detalles cual foto vieja. Conocerte fue una entrada al sabor dulce, una musa que usé mil veces, una locura con explicaciones lógicas para recurrir a lo ilógico, a lo divino, a lo insensato. No quería encontrar mayor explicación a algo tan sublime, porque en cuanto la encontrara, se acabarían los "somos", se acabarían los poemas con dedicatorias, se irían las golondrinas, y el bosque hospedaría a los cuervos. Pero tu rostro ya había vuelto hielo las sábanas que solían ser tibias, tu rubor había desaparecido y tus ojos habían quedado abiertos, así, esperando el último roce de labios, que nunca llegó por mi ausencia ese día. Lo siento querida mia, creo que enloquecí, porque no estoy escribiendo esto a nadie.

-Julio Orozco

martes, 3 de marzo de 2015

Ellos

Usted me recordaría si mi presencia se hubiera topado con la suya el ceniciento abril de ese año. Muchas veces iba a la fuente del centro comercial (ya pálido por la lluvia y el moho) solo a mirar lejos. Usted hubiera encerrado en su mente la memoria de mis manos, impresas en su cuerpo, el conocimiento de mis demonios y secretos mas indeseables, no se qué hago hablando solo.

Pero entre olor a lluvia y barro, me pregunté acerca del ser que llevaba su mano como troféo. ¿Tendré que admitir mi derrota esta vez? ¿pierdo? ¿sentirá el gusto de mis labios en los suyos de vez en cuando por las noches? ¿lo recordará?

Es mucha duda para un solo hombre. Mejor me hago el que no los vio y me tomo el café de porquería que me acaban de servir, mejor miro el periodico y me hago el desentendido, mejor silvo al viento y me pongo los lentes oscuros.

De todos modos es imprudente interrumpir una cita tan alegre con un recuerdo tan inoportuno...

!Al diablo voy a saludarla! ¡Es hora de fingir que mi vida va cuesta arriba!

sábado, 21 de febrero de 2015

jueves, 19 de febrero de 2015

Cafe de la Tarde

Su dolor consistía en dejarse llevar por el rostro duro que podía demostrar únicamente cuando ella lo quería, hermoso, tímido, pero implacable, algo de gracia y de un júbilo de allá atrás, de años viejos, años que solían estar poblados de la gente de su vida, años benditos de su juventud, que se acompañaban, con olor a mariposas amarillas, mezcla de perfumes en el aire, fiestas por la plaza, cerveza, vino, whisky, vodka y de cuanto se pudiera tomar.

Unos rígidos ojos muertos quedaban en su cara, para reemplazar lo que fue como tal, una excepcional y bella criatura. Una taciturna costumbre de ver fotos cuando nadie la viera, como si de un pecado se tratase quedó impregnada en su ser, colillas de cigarrillos regadas por todo el cenicero (ese que siempre negaba usar) y lo peor de todo el asunto, el hecho de que se desdibujaran de sus mejillas, esos hoyuelos que se hacían cuando sonreía.

Pero qué va! Yo siempre la veía y para mis adentros gritaba amarla, sentirla, desearla de cualquier forma, aún con su forma de ser, aún con sus manías y pendejadas que solo yo aguantaba. Y que lindo que era sentarme a su lado a conversar, a tratar de sacarle el encanto que todavía podía aflorar de sus blancos dientes cuando esbozaban una sonrisa.

Habré de esperarla a ver si vuelve de viaje, a ver si no se llevó todo, deseo egoistamente que vuelva a estar aquí, incluso si este lugar la hace miserable, solo porque yo puedo alegrarla en su tristeza, solo porque yo le puedo tocar la mano sin que se sienta herida de memorias.

Espero sólo que nos sentemos en la puerta para hablar de nuevo, y verla a la hora del café.

-Julio Orozco

lunes, 2 de febrero de 2015

Esquizoide

Y me sentí tan arruinado otra vez y lo miré con mucha vergüenza, la vergüenza de que recriminara el monstruo que soy, sentí mis recuerdos fluyendo por las arterias de mis ojos y estos picaban y estos dolían.

Me estrellé contra la realidad tantas veces, pero no como en las noches, no como en esa noche en especial.

Y empece a hablar con ese idiota, alto, de ojos hinchados y de mirada desdeñable y casi le rompo el alma, pero mis confesiones de amor propio me lo impedían de manera inexplicable, recaía, removía mis errores y caminaba bajo la mirada de mi techo blanco.
Ganas de romper las mayas y saltar me sobraban, pero el exorbitante referente de sequías emocionales seguía allí, exigiendome quedarme y terminar la conversación despreciable que me obligaba tener."NO" Clamé, No quiero Hablar contigo, ya me cansé de tratar de convencerme que de alguna manera desaparecerán tus ojeras y que de alguna manera tu rostro se verá mas pulcro. Pero el, seguía haciendo gestos que me obligaban a quedarme viendolo de frente, porque su aura misteriosa de complejidad siempre me obligaba a verlo.

Pude ser su amigo muchos años y lo fui, de hecho a veces me sentía orgulloso siendo su reflejo y sentía seguridad, pero esta noche, noche herida, le lancé un golpe y por fin se esfumó mi ser y por fin, el espejo roto yacía en el piso.

Julio Orozco

jueves, 29 de enero de 2015

El rostro.

Escuchando los terribles pasos del negro animal de ojos amarillos como el sol naciente, languideciendo distendido en las escabrosas escaleras que contaban historias centenarias de mil muertos, de mil generaciones en fotos post-mortem, nitido en su mirada llena de lagrimas sin sal, de lagrimas llenas de desuso, oyóse un maullido tenebroso, sobrecogedor, lleno de las oscuridades mas profundas. 

Y el devenir de los ojos llegando ante mi, majestusos, maliciosos, los ojos que me obsesionaban con la inminente muerte, el laud que sonaba en el fondo indefinido de aquella pesadilla de vagos recuerdos y las palabras que en mi torpe latín escapaban a gritos de mis rajados labios: "Quid mihi et tibi est?!" " Quid mihi et tibi est?" El idioma mas tenebroso, y mis trémulos labios lo decían.

Quedóse el misterioso ser, admirando mi miseria, y caminó, se sentó y maulló por segunda vez, pero ya para ese momento mis venas, frias de sangre cortante, conocían la sensación cómo algo anterior a mis mas profundas depresiones y abismos mentales, entonces reconocí la pesadilla y despertó mi cuerpo, golpeado y sudado, porque, el aún seguía posado en frente de mi puerta.


Julio Mario Orozco

viernes, 23 de enero de 2015

Sin Nombre

Si sucedieras, como lo que mis ojos imaginan serías el calor intangible, un sentir satisfactorio y sus repercusiones valederas.
Si sucedieras como la sonoridad de las sinfonías en mi cabeza, serías un clásico en mi pensar.
Ahora bien, quien es el hombre que se mira en el espejo, el individuo que siente servilismo a los pies de la que desconoce sus afectos. Probablemente ni siquiera sabe quien es ya.

Julio Orozco