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sábado, 21 de febrero de 2015
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jueves, 19 de febrero de 2015
Cafe de la Tarde
Su dolor consistía en dejarse llevar por el rostro duro que podía
demostrar únicamente cuando ella lo quería, hermoso, tímido, pero
implacable, algo de gracia y de un júbilo de allá atrás, de años viejos,
años que solían estar poblados de la gente de su vida, años benditos de
su juventud, que se acompañaban, con olor a mariposas amarillas, mezcla
de perfumes en el aire, fiestas por la plaza, cerveza, vino, whisky,
vodka y de cuanto se pudiera tomar.
Unos rígidos ojos muertos quedaban en su cara, para reemplazar lo que fue como tal, una excepcional y bella criatura. Una taciturna costumbre de ver fotos cuando nadie la viera, como si de un pecado se tratase quedó impregnada en su ser, colillas de cigarrillos regadas por todo el cenicero (ese que siempre negaba usar) y lo peor de todo el asunto, el hecho de que se desdibujaran de sus mejillas, esos hoyuelos que se hacían cuando sonreía.
Pero qué va! Yo siempre la veía y para mis adentros gritaba amarla, sentirla, desearla de cualquier forma, aún con su forma de ser, aún con sus manías y pendejadas que solo yo aguantaba. Y que lindo que era sentarme a su lado a conversar, a tratar de sacarle el encanto que todavía podía aflorar de sus blancos dientes cuando esbozaban una sonrisa.
Habré de esperarla a ver si vuelve de viaje, a ver si no se llevó todo, deseo egoistamente que vuelva a estar aquí, incluso si este lugar la hace miserable, solo porque yo puedo alegrarla en su tristeza, solo porque yo le puedo tocar la mano sin que se sienta herida de memorias.
Espero sólo que nos sentemos en la puerta para hablar de nuevo, y verla a la hora del café.
-Julio Orozco
Unos rígidos ojos muertos quedaban en su cara, para reemplazar lo que fue como tal, una excepcional y bella criatura. Una taciturna costumbre de ver fotos cuando nadie la viera, como si de un pecado se tratase quedó impregnada en su ser, colillas de cigarrillos regadas por todo el cenicero (ese que siempre negaba usar) y lo peor de todo el asunto, el hecho de que se desdibujaran de sus mejillas, esos hoyuelos que se hacían cuando sonreía.
Pero qué va! Yo siempre la veía y para mis adentros gritaba amarla, sentirla, desearla de cualquier forma, aún con su forma de ser, aún con sus manías y pendejadas que solo yo aguantaba. Y que lindo que era sentarme a su lado a conversar, a tratar de sacarle el encanto que todavía podía aflorar de sus blancos dientes cuando esbozaban una sonrisa.
Habré de esperarla a ver si vuelve de viaje, a ver si no se llevó todo, deseo egoistamente que vuelva a estar aquí, incluso si este lugar la hace miserable, solo porque yo puedo alegrarla en su tristeza, solo porque yo le puedo tocar la mano sin que se sienta herida de memorias.
Espero sólo que nos sentemos en la puerta para hablar de nuevo, y verla a la hora del café.
-Julio Orozco
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lunes, 2 de febrero de 2015
Esquizoide
Y me sentí tan arruinado otra vez y lo miré con mucha vergüenza, la vergüenza de que recriminara el monstruo que soy, sentí mis recuerdos fluyendo por las arterias de mis ojos y estos picaban y estos dolían.
Me estrellé contra la realidad tantas veces, pero no como en las noches, no como en esa noche en especial.
Y empece a hablar con ese idiota, alto, de ojos hinchados y de mirada desdeñable y casi le rompo el alma, pero mis confesiones de amor propio me lo impedían de manera inexplicable, recaía, removía mis errores y caminaba bajo la mirada de mi techo blanco.
Ganas de romper las mayas y saltar me sobraban, pero el exorbitante referente de sequías emocionales seguía allí, exigiendome quedarme y terminar la conversación despreciable que me obligaba tener."NO" Clamé, No quiero Hablar contigo, ya me cansé de tratar de convencerme que de alguna manera desaparecerán tus ojeras y que de alguna manera tu rostro se verá mas pulcro. Pero el, seguía haciendo gestos que me obligaban a quedarme viendolo de frente, porque su aura misteriosa de complejidad siempre me obligaba a verlo.
Pude ser su amigo muchos años y lo fui, de hecho a veces me sentía orgulloso siendo su reflejo y sentía seguridad, pero esta noche, noche herida, le lancé un golpe y por fin se esfumó mi ser y por fin, el espejo roto yacía en el piso.
Julio Orozco
Me estrellé contra la realidad tantas veces, pero no como en las noches, no como en esa noche en especial.
Y empece a hablar con ese idiota, alto, de ojos hinchados y de mirada desdeñable y casi le rompo el alma, pero mis confesiones de amor propio me lo impedían de manera inexplicable, recaía, removía mis errores y caminaba bajo la mirada de mi techo blanco.
Ganas de romper las mayas y saltar me sobraban, pero el exorbitante referente de sequías emocionales seguía allí, exigiendome quedarme y terminar la conversación despreciable que me obligaba tener."NO" Clamé, No quiero Hablar contigo, ya me cansé de tratar de convencerme que de alguna manera desaparecerán tus ojeras y que de alguna manera tu rostro se verá mas pulcro. Pero el, seguía haciendo gestos que me obligaban a quedarme viendolo de frente, porque su aura misteriosa de complejidad siempre me obligaba a verlo.
Pude ser su amigo muchos años y lo fui, de hecho a veces me sentía orgulloso siendo su reflejo y sentía seguridad, pero esta noche, noche herida, le lancé un golpe y por fin se esfumó mi ser y por fin, el espejo roto yacía en el piso.
Julio Orozco
jueves, 29 de enero de 2015
El rostro.
Escuchando los terribles pasos del negro animal de ojos amarillos como el sol naciente, languideciendo distendido en las escabrosas escaleras que contaban historias centenarias de mil muertos, de mil generaciones en fotos post-mortem, nitido en su mirada llena de lagrimas sin sal, de lagrimas llenas de desuso, oyóse un maullido tenebroso, sobrecogedor, lleno de las oscuridades mas profundas. Y el devenir de los ojos llegando ante mi, majestusos, maliciosos, los ojos que me obsesionaban con la inminente muerte, el laud que sonaba en el fondo indefinido de aquella pesadilla de vagos recuerdos y las palabras que en mi torpe latín escapaban a gritos de mis rajados labios: "Quid mihi et tibi est?!" " Quid mihi et tibi est?" El idioma mas tenebroso, y mis trémulos labios lo decían.
Quedóse el misterioso ser, admirando mi miseria, y caminó, se sentó y maulló por segunda vez, pero ya para ese momento mis venas, frias de sangre cortante, conocían la sensación cómo algo anterior a mis mas profundas depresiones y abismos mentales, entonces reconocí la pesadilla y despertó mi cuerpo, golpeado y sudado, porque, el aún seguía posado en frente de mi puerta.
Julio Mario Orozco
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viernes, 23 de enero de 2015
Sin Nombre
Si sucedieras, como lo que mis ojos imaginan serías el calor intangible, un sentir satisfactorio y sus repercusiones valederas.
Si sucedieras como la sonoridad de las sinfonías en mi cabeza, serías un clásico en mi pensar.
Ahora bien, quien es el hombre que se mira en el espejo, el individuo que siente servilismo a los pies de la que desconoce sus afectos. Probablemente ni siquiera sabe quien es ya.
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sábado, 17 de enero de 2015
El Perfume
Existe algo en tus caderas, intenso como un mirar de picardía, sin embargo tímido como una sonrisa a medio camino, labios trémulos llenos de temor y una esencia que solo me desorienta, una esencia que se halla en la base de tu cuello, verdad escondida detras de tus pupilas, invitaciones a tocar tu mano como si fuera el último día de mi vida.
Existe algo en tus ojos, una tristeza acumulada, un deseo de llegar a donde pudiste haberlo hecho alguna vez, una impía soberbia y una inspiración gastada en los albores que tus viejos sentires habían desatado, suspicaz en la forma de mirar hasta mis matices mas insondables, y mis camuflados quebrantos.
Existe algo en mi cabeza que me hace quererte dentro de un profundo odio.
Se que ganarás mi mente, ergo ganarás mis ojos, ergo ganarás mi vida, ergo moriré acostado en tu pecho.
Julio Orozco
Existe algo en tus ojos, una tristeza acumulada, un deseo de llegar a donde pudiste haberlo hecho alguna vez, una impía soberbia y una inspiración gastada en los albores que tus viejos sentires habían desatado, suspicaz en la forma de mirar hasta mis matices mas insondables, y mis camuflados quebrantos.
Existe algo en mi cabeza que me hace quererte dentro de un profundo odio.
Se que ganarás mi mente, ergo ganarás mis ojos, ergo ganarás mi vida, ergo moriré acostado en tu pecho.
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miércoles, 14 de enero de 2015
Para ti
Me desconcertó con sonrisas que podían describir poemas, y con ojos dulces e iluminados cual sol mañanero. Alguna vez juré no volver a caer en un hechizo como el de los brazos posados en mi cuello y los labios de sabor a miel que apuntaban a mi. Pero es que tal magia deja de ser algo irreal cuando te toca en lo mas profundo del ser y cuando empiezas a sentir algo mas allá de lo que los pensamientos lograban ver en lo profundo. Es en ese momento inexplicable en donde logro dar una pequeña definición de lo que es amarte.
Julio Orozco
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